Drogas: De Rituales Sagrados a la Sociedad de Consumo
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Desde tiempos inmemoriales, las drogas han tenido un lugar en las culturas antiguas, utilizadas principalmente con fines tradicionales. Las modificaciones de la conciencia provocadas por plantas psicotrópicas formaban parte integral de los rituales sagrados y de la búsqueda de trascendencia. Textos sagrados en India hacen referencia al uso del cáñamo y de los hongos alucinógenos, mientras que en América Latina se consumía mescalina extraída del Peyote o la ambrosía en Europa con fines rituales.

Paralelamente a los rituales religiosos, muchos psicotrópicos se usaban con fines terapéuticos. Los griegos utilizaban el opio con fines terapéuticos, mientras que el cannabis tenía aplicaciones medicinales en China, entre otros ejemplos.
Sin embargo, en la época moderna, las dificultades relacionadas con el uso de drogas se aceleraron, introduciendo nuevos usos y abusos. Dos factores principales contribuyeron a este fenómeno: los avances en química, que permitieron aislar moléculas para producir sustancias cada vez más concentradas, y la evolución de las culturas receptoras.
Con la llegada de la medicina moderna y los medicamentos, las sustancias psicoactivas se convirtieron en un tema de lucha de influencia entre su uso médico (antidepresivos, ansiolíticos, etc.) y su uso popular sin prescripción. Estos productos, muy demandados, se convirtieron en una fuente de ganancias para los fabricantes de medicamentos, pero también para los traficantes ilegales.
Esta alta demanda generó debates sobre la regulación del uso de drogas, algunos pensando que la dependencia se produce principalmente por la exposición a los productos, mientras que otros afirman que la dependencia depende de la persona misma.
La llegada de la sociedad de consumo en el siglo XX colocó nociones como el placer y el rendimiento en el centro de la sociedad, fomentando comportamientos de hiperconsumo, incluso en materia de sustancias psicoactivas. Esta tendencia ha sido descrita como una "sociedad adictógena". Si bien los factores de vulnerabilidad individual son innegables, es difícil eximir a los productores industriales y distribuidores de su responsabilidad social.

Desde el punto de vista político, se ha construido un sistema de leyes y regulaciones alrededor de la cuestión de las toxicomanías por drogas ilícitas, pero se ha vuelto obsoleto en muchos países. Las políticas actuales están dominadas por dos imperativos: la seguridad y la salud, impulsando a los Estados a más regulación y control sobre los comportamientos adictivos, en lugar de centrarse en la reducción de riesgos, la prevención o la educación.
En cuanto a las drogas lícitas, como el tabaco y sobre todo el alcohol, los gobiernos buscan un equilibrio entre los intereses económicos de las industrias y los retos de salud pública. El Plan Nacional de Reducción del Tabaquismo es un ejemplo, con efectos visibles de una política global de regulación del consumo de tabaco. Sin embargo, para el alcohol, la balanza parece inclinarse del lado del lobby del tabaco y sus intereses económicos, al menos bajo ciertos gobiernos.
Validación científica B-SAFE
El proyecto B-SAFE, bolígrafo detector de drogas en bebidas, está validado y acompañado por el Profesor Jean-Claude Alvarez, toxicólogo, profesor de farmacología-toxicología y director del laboratorio de toxicología del CHU Raymond-Poincaré/AP-HP en Garches.
Figura de autoridad en toxicología, está asociado a los trabajos de referencia realizados en Francia sobre sustancias psicoactivas y sumisión química, en un ecosistema nacional también impulsado en el debate público por voces como Sandrine Josso y Caroline Darian.
Esta validación refuerza el posicionamiento tecnológico de B-SAFE y la precisión de su detección para la prevención de drogas en bebidas. Descubrir la ficha de producto B-SAFE.